El Rosario es instrumento eficáz de evangelización, inspirado por la Santísima Virgen María a Santo Domingo de Guzmán. "Anda y predica este rosario, enseñando al pueblo la manera de rezarlo"
domingo, 30 de septiembre de 2018
Un método dominicano de orar
Angel Villasmil O.P.
La vida de oración y la oración misma deben ser consideradas a la luz de la propia vocación. Hemos leído muchas veces la afirmación del P. Karl Rahner al decir el cristiano del mañana será un místico, alguien que haya experimentado algo, o ya no será nada. La oración es esencial a la vida cristiana y, de manera particular, a esta forma de vida cristiana que llamamos vida religiosa. Por eso es por lo que el primer contexto de la oración es la vida vocacional, entendiendo la vocación –a la vida cristiana y a la vida religiosa- como una relación en la que el Señor toma la iniciativa y nosotros respondemos, creándose así una experiencia de la gracia en la que somos transformados en criaturas nuevas por la acción del Espíritu en nosotros.
Hoy en día asistimos a una verdadera explosión en lo que se refiere a los métodos de oración. Desde la aparición del libro Muéstrame tu rostro, de Ignacio Larrañaga hasta nuestros días, no han dejado de aparecer propuestas de métodos de oración. Dos de los más populares son el de la oración centrante, del monje trapense Thomas Keating, y la práctica de la meditación, del claretiano Pablo D’ors. Menciono estos dos en particular porque ambos reclaman el origen de su identidad en las grandes escuelas del monacato primitivo, y ambos han tenido un impacto muy especial en muchas personas, llegándose a crear verdaderos movimientos cuya identidad estriba en estas prácticas de oración.
Pero los métodos de oración no son nuevos. Si nos asomamos a la historia de la espiritualidad, veremos cómo en el siglo XVI y como efecto de la devotio moderna, encontramos propuestas de métodos de oración como el de Fray Luis de Granada en su Libro de la oración y meditación, o como el de San Juan de Ávila, en su Audi filia. De mucho más alcance e impacto fue el de San Ignacio en sus Ejercicios espirituales, concretamente la contemplación para alcanzar amor. También estos modos de oración crearon escuelas, corrientes y espiritualidades con una identidad propia que gozan actualmente de vigencia en el marco de la experiencia de fe de muchas personas. Y es que esto parece ser lo propio de un método de oración: crear una escuela, una corriente, con una identidad muy propia y determinada.
¿Existe en la Orden de Predicadores un método de oración? Tendríamos que hacerle esta pregunta a Santo Domingo y a los primeros frailes de la Orden. Tanto el Maestro Jordán de Sajonia, primer biógrafo de Santo Domingo, como el resto de los autores de las leyendas primitivas y los testigos del Proceso de canonización, nos hablan del talante contemplativo de Santo Domingo, destacando su asiduidad en la celebración del Oficio Divino y en la oración privada. Las Constituciones de la Orden en 1216 no nos hablan de un método de
oración en particular, exceptuando el Oficio Divino y la oración secreta, que es como se le conoce a la oración personal en nuestra Orden. Para los primeros hermanos la oración era esencialmente litúrgica, porque es la liturgia el contexto en el que contemplamos la historia de la salvación que también contemplamos en el estudio y que finalmente predicamos con y a través de la Palabra. Aunque el opúsculo sobre Los modos de orar de Santo Domingo nos señala la variedad en las formas y expresiones de la oración de Santo Domingo, quizá tampoco podríamos decir que allí tenemos una forma de orar en dominicano.
Santa Teresa de Jesús definió la oración como trato de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama. Quizá sea esta afirmación la que nos plantee seriamente la pregunta: ¿Es necesario tener un método de oración? El cuestionamiento puede ser más profundo: ¿Existe un método para llegar a entablar una relación de amistad? Si concebimos la oración como una relación viva con el Señor, posiblemente los métodos de oración sean un escollo más que una ayuda. A veces da la sensación que muchos métodos de oración son tan rigurosos que lo importante pareciera ser el cumplimiento del método y no su fin mismo, que es la relación con Dios. Pero no podemos perder de vista un dato insoslayable: la labilidad de la naturaleza humana, que la hace merecedora de una disciplina, de un método, de una forma, al menos en el inicio de una experiencia. Con el paso del tiempo, con la perseverancia y la disciplina, posiblemente el método llegue a cumplir su cometido: vivir una experiencia de oración en la que el centro sea la relación con Dios.
Los dominicos no tenemos un método de oración que nos sea propio, pero creo que el que más se aproxima a nuestra vida e identidad es el de la lectio divina. Dentro de la amplia gama de los métodos de oración contemporáneos está el de la lectio divina, aunque la expresión es tan antigua como el mismo Orígenes, que fue el que la acuñó. Sobre este tema se ha escrito mucho y muy bueno. Dentro de lo mejor que se ha escrito me atrevo a mencionar dos documentos concretos: el libro La lectura de Dios. Aproximación a la lectio divina, del P. García Colombás, monje benedictino, y que recoge las charlas de unos ejercicios espirituales que dirigió una vez a las benedictinas de Salamanca. Y el otro documento es una Carta circular que Dom Bernardo Olivera, siendo Abad General de los Trapenses, dirigió a toda la Orden el 26 de enero de 1993. Ambos documentos ofrecen no sólo una visión panorámica de la lectio divina, sino que ofrecen intuiciones verdaderamente valiosas para quienes deseen iniciarse en este ejercicio.
Dentro de la popularización de la lectio divina existe, sin embargo, un problema: encerrar la lectio divina en un método que tiene su origen en la Scala claustralium, una carta que Guigo II el cartujo escribió a su hermano Gervasio. Creo que todos sabemos que los peldaños de esta escala son: lectio, metiditatio, oratio y contemplatio. Lectura, meditación, oración y contemplación. Algunos más audaces –por no decir temerarios- se han atrevido a añadir un peldaño más: la acción. El valor de este documento reside en el hecho de mostrarnos de entrada que el objeto de la lectura divina es la unión con Dios. Pero ya el
mismo García Colombás advierte la artificialidad de toda escalera y, por lo tanto, de todo método. La lectura de Dios es tan personal que cada uno debe buscar su propio camino. En todo caso, es preciso decir que los peldaños de esta escalera no se recorren uno a uno, sino que puede darse la experiencia de recorrerse de manera simultánea.
Lo importante es tener claro en la práctica de la lectio divina que su fin es, en palabras de San Gregorio Magno, leer el corazón de Dios. Al ser la Sagrada Escritura un texto inspirado por Dios, la Biblia no es para el cristiano un libro más, un libro de meditación o de oración. La Biblia es un lugar de encuentro con el Señor. Esta conciencia nos permite descubrir que la lectura de la Biblia nos exige un acercamiento a los métodos exegéticos que nos descubren la verdadera realidad de lo que los autores nos quisieron transmitir. Pero que en toda lectura creyente de la Biblia es imprescindible el talante orante, es decir, una lectura orante del texto sagrado.
La identidad de la Orden de Predicadores le viene dada en su carisma: la predicación para la salvación de las almas. Esta predicación culmina en la celebración de los sacramentos de la fe (Constitución Fundamental, VI) e implica una vida que se realiza en la vivencia de una vida común, en la fidelidad a los consejos evangélicos, en la asiduidad en la celebración del misterio de la salvación en la liturgia, hasta llegar a la predicación misma. (Constitución Fundamental, IV). Desde este horizonte podemos decir que si lo que le da sentido e identidad a nuestra vida es la predicación de la Palabra de Dios, nuestra oración debe estar centrada en la Palabra de Dios que nos llega a través de la Escritura, de la Tradición y de los signos de los tiempos que exigen de nosotros respuestas claras desde la fe y desde el compromiso de vida.
Nuestra vida de oración, como hombres y mujeres de la Palabra, está llamada a centrarse en la Palabra:
Palabra que escrutamos en el estudio. Palabra que acogemos en el silencio, la soledad y la oración. Palabra que celebramos en la liturgia. Palabra que proclamamos en la predicación y en el testimonio comprometido de nuestra vida de cada día.
Finalmente, una sugerencia en torno a qué texto leer. En este sentido García Colombás y Bernardo Olivera difieren. Para el primero, la lectio divina es, en sentido estricto y excluyente de la palabra, una lectura del texto de la Sagrada Escritura. Para el segundo, en cambio, la lectio divina da la amplitud de leer el texto de la Sagrada Escritura, los Santos Padres y los Padres del Císter (aquí podríamos cambiar por escritores dominicos). En mi opinión personal, me parece más adecuada la primera visión: la lectio divina es,
esencialmente, una lectura de la Palabra de Dios en el texto de la Sagrada Escritura. Pero al ser la lectio divina una experiencia de relación personal con Dios, ésta debe tener la amplitud necesaria como para abarcar todo aquello que nos permita relacionarnos libre y abiertamente con el Señor. En lo que sí hay que coincidir es en una de las sentencias de Bernardo Olivera: quien dice que todo es lectio declara que la lectio es nada.
El camino puede ser:
La lectio con los textos litúrgicos del día, esto es, las lecturas de la misa, los salmos del Oficio Divino o las lecturas del Oficio de lectura, sobre todo si son las del leccionario bienal, que no coinciden con las de los cuatro volúmenes de la liturgia de las Horas, sino con las del breviario monástico. Este leccionario se puede adquirir en varios formatos en esta página. La lectio con una lectura seguida de la Biblia, desde el comienzo hasta el final, o a través de los libros históricos, proféticos, sapienciales y poéticos. La lectio con un tema específico que se siga a través de los libros de la Biblia.
Lo importante es que cada uno tengamos conciencia de que estamos llamados a ser y somos hombres y mujeres de la Palabra que tienen en la Palabra de Dios un lugar de encuentro con el Señor.
lunes, 14 de mayo de 2018
martes, 4 de abril de 2017
Los Misterios aplicados a mi vida.
1º Misterio Doloroso
La oración de Jesús en El Huerto de los Olivos
La oración de Jesús en El Huerto de los Olivos
Jesús nos enseña a orar porque es imprescindible en nuestra vida, por eso dice que debemos “orar siempre sin desfallecer”; así de simple, sin oración no hay vida de fe, porque orar es la manera de hablar y estar con Dios en quien creo. Si no confío en Él, no tengo por qué contarle ni mis problemas ni mis alegrías, ni agradecerle ni alabarle, ni mucho menos tengo que pedirle ayuda, pero debo ponerme en sus manos y amar su voluntad, sólo Dios sabe lo que me conviene.
Jesús se retiraba a orar intensamente y en el Huerto de los Olivos su sufrimiento era tan grande que sudó gotas de sangre y rogó a Dios Padre que le quitara lo que iba a sufrir, pero se entregó a la voluntad de su Padre.
Orar “siempre” es vivir con Dios y ponerte en sus manos sabiendo que Él te inspirará la solución para resolver tus problemas. Orar sin desfallecer es confiar en Él que nunca te desampara pero que quiere purificarte para que realices el gran proyecto de vida que ha preparado para ti.
La falta de fe nos puede llevar a buscar ayuda por caminos equivocados que ofenden a Dios y luego aparecemos como víctimas diciendo que Dios se ha olvidado de nosotros.
Dios siempre nos escucha, pero debemos insistir y perseverar en la oración hasta que nosotros le escuchemos a Él.
La oración es se diálogo con nuestro Padre que nos llena de paz y de esperanza a pesar de las dificultades.
ina
Dios siempre nos escucha, pero debemos insistir y perseverar en la oración hasta que nosotros le escuchemos a Él.
La oración es se diálogo con nuestro Padre que nos llena de paz y de esperanza a pesar de las dificultades.
ina
martes, 28 de marzo de 2017
La Oración y la Contemplación
La oración es, esencialmente experiencia de Dios,que se nos hace asequible, cercano, amigo. Está impregnado, empapado del misterio de la Encarnación.
Porque el VERBO se hizo CARNE y acampó entre nosotros, así podemos acercarnos al Padre y en un mismo Espíritu clamar ¡Abba! Esta inmersión de Dios Trinidad, Dios Comunidad no podemos realizarla sin el apoyo y la ayuda de la fe.
Nuestra experiencia de Dios se realiza en la fe. Pero es una experiencia humana porque se realiza en el hombre concreto, y en el aquí y ahora de cada persona. Dios busca el encuentro en cada persona.
Por eso nos obliga a buscar espacios y tiempos delimitados en nuestra vida para quedarnos a solas con Dios.
La oración que es gracia y no podemos por muchos esfuerzos que hagamos alcanzarla sin el Espíritu Santo, es el que ora en nosotros. El Espíritu Santo es el regalo del Padre y del Hijo hacía nuestra debilidad. Pero debemos suplicarla humildemente. Cuando en nuestros días hablamos de la oración del corazón, debemos dejar que nuestro yo más profundo se abra a la Gracia de Dios para ir conociendo nuestra limitación y pequeñez y su gran ternura y misericordia, llegar a Dios con sencillez y confianza, como somos y sentirnos amados con intensidad, así esta experiencia de Amor concreto a mí, ensancha el corazón a la medida del Corazón de Dios.
Como dominicas ,nuestra experiencia de Dios debe estar marcada por la experiencia de Domingo de Guzmán.
- Contemplación de Cristo.
- Contemplación de Nuestro Mundo.
Contemplación de Cristo:
Que nos debe llevar a una identificación profunda con El, en la Cruz, en la Eucaristía y en la Palabra.
La Cruz nos abre al misterio del anonadamiento del Verbo, que lleva no sólo a encarnarse, sino a morir por todos. El celo por la salvación de todos los hombres.
Oración – Contemplación dominicanas. De la Contemplación de Jesús crucificado, de la experiencia de misericordia brotaba la súplica continua :”Dios mío, misericordia mía ¿qué será de los pecadores?...” Una misericordia no abstracta, personificada en el cuerpo muerto y roto del Señor. Una oración – contemplación que le impulsaba al deseo de identificación plena con Cristo, a ser también El-nosotros-misericordia y movernos a actuar con compasión, aunque nos lleve a la exigencia fuerte de llegar a entregar la vida por los demás.
También la Eucaristía es lugar de la experiencia de Jesús. Él realizó una escalada descendiente de anonadamiento, Dios se hizo hombre; como hombre, aceptó la muerte más ignominiosa, y para hacer efectiva la Salvación se quedó con nosotros bajo la apariencia de pan.
Si nuestra oración-contemplación no nos lleva a recorrer el mismo camino tendremos que hacer un alto y preguntarnos si buscamos a Dios o nos contentamos con encontrarnos con nosotros mismos.
Se dice de Sto. Domingo N.P. que en la Eucaristía “lloraba copiosamente”¿no sería quizá la experiencia interna de este misterio de despojo y entrega la que hiciera brotar esas lágrimas? …
Y por último escucha asidua de la Palabra de Dios, ”la contemplación genuina es la lectura de la Biblia y el estudio de la verdadera Sabiduría”. Debemos alimentar nuestra oración con la Palabra de Dios; el rezo diario de la liturgia de las horas. Por su finalidad de santificación del día, y por su componente mayoritariamente bíblico –salmos y lecturas-,es el alimento diario de nuestra oración.
Si alimentamos nuestra oración con esta contemplación Cristo víctima, Pan, Palabra, poco a poco, sin darnos cuenta, nuestra vida irradiará Presencia de Dios
La contemplación de nuestro mundo.
En el s XIII un fraile anónimo dominico del convento S. Jacques de París escribía: "Entre las cosas que un hombre debe ver en la contemplación, están las necesidades de su prójimo y también la magnitud de la fragilidad de cada uno de los seres humanos".
La visión de Cristo nos debe llevar necesariamente a la contemplación de nuestro mundo.
Dios se manifiesta a través de nuestra historia. Desde que el Verbo se encarnó en nuestra naturaleza, nada de lo humano nos es ajeno, pues nuestra historia, nuestra vida, y todo acontecer, está preñado de la Presencia de Dios. Tenemos que acostumbrarnos a:
- Ver a Dios en los acontecimientos y personas.
- Ver los acontecimientos y personas desde los ojos de Dios.
Ver los acontecimientos y personas
Se ha gustado decir la frase: “Contemplación de la calle”, o sea contemplar a Dios desde el corazón de nuestra historia, tanto en el acontecer doloroso o sufriente, como en los gozos y esperanzas de nuestra Humanidad. Y aquí radica la espiritualidad dominicana de la Encarnación.
Debemos pues intentar ver todo con la mirada de Dios, como Cristo contemplaba a sus contemporáneos y “sentía lástima” de ellos porque andaban como “ovejas sin pastor”. Mantener la mirada atenta, intentando descubrir no el “POR QUÉ”sino el “ PARA QUÉ” de las cosas y escudriñar el misterio que encierra y que va atrayendo a nuestra Humanidad hacía Dios.
En esta “contemplación de la calle” nos puede ser de una ayuda inestimable el rezo del Rosario… A través de él vamos desgranando los misterios de nuestra salvación, realizada por Cristo. Pero esa salvación debemos hacerla actual en nuestro hoy concreto. Los misterios, guiados por la mano y el corazón de la Madre, presentamos un día y otro al Señor .
Ver los acontecimientos y personas desde los ojos de Dios.
Para que esto sea así, es preciso tener el mismo corazón de Dios- como tenía Catalina de Siena- escucharle a El e intentar ver los acontecimientos desde Su misericordia y compasión.
La compasión, es uno de los rasgos más característicos de Nuestro Padre Sto. Domingo, que hoy más que nunca necesita nuestro angustiado mundo que no sabe hacía donde va.
Padecer “con”, hacernos uno, primeramente con Cristo y después con el que padece para unirle a El. ”Ver las necesidades de nuestro prójimo y la magnitud de nuestra fragilidad, esto es lo que nos acerca a nuestros hermanos, en pobreza, desprendimiento y hace que nuestra compasión no sea una estéril ayuda, sino un acontecimiento de Dios al corazón del hermano necesitado.
Nuestra contemplación tiene que ser y hacernos transparencia nítida y fuente de ternura y Amor de Dios. Nuestra vida, nuestra fe, nuestro mundo y su historia encuentran aquí su equilibrio.
Somos llamados a ser presencia de Dios, y esto sólo es posible si nuestra oración es contacto vital ardiente con El en la oración-contemplación .
Sólo hay una cosa importante y verdadera, entregarme a Dios.
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sábado, 4 de marzo de 2017
Rosario y Cuaresma
La Cuaresma es un tiempo durante el cual podemos descubrir de nuevo la oración. Es la ocasión de tomar nuestro rosario para meditar con María los misterios de la vida del Señor.
Podríamos pensar que la Cuaresma es el período del año litúrgico que se acuerda bien con los misterios dolorosos del Rosario. En efecto, es lo primero que se nos ocurre espontáneamente.
La meditación de estos misterios será la ocasión de unirnos a los que sufren en sus cuerpos y en sus corazones, de rezar por aquellos que son perseguidos por la justicia, a causa de su adhesión a Cristo. Y no podemos dejar de pensar en nuestros hermanos cristianos acosados y asesinados a causa de su fe en Nigeria, en el Próximo y Medio Oriente, en la India y en otros muchos lugares...
La meditación de estos misterios será la ocasión de unirnos a los que sufren en sus cuerpos y en sus corazones, de rezar por aquellos que son perseguidos por la justicia, a causa de su adhesión a Cristo. Y no podemos dejar de pensar en nuestros hermanos cristianos acosados y asesinados a causa de su fe en Nigeria, en el Próximo y Medio Oriente, en la India y en otros muchos lugares...
La Cuaresma nos permitirá no olvidar a aquellos que intentan aliviar el sufrimiento de los enfermos, a los que acompañan a los agonizantes o que luchan contra todas las injusticias. ¡Son los Cirineos que ayudan a llevar tantas cruces!
La Cuaresma, por fin, nos dará la ocasión, ahora y como siempre, de dar gracias al Señor que nos ha amado hasta morir en una cruz para salvarnos.
Pero no vayamos a pensar que la Cuaresma se acuerda solamente con los misterios dolorosos.
La liturgia nos lo recuerda puesto que haremos memoria, a lo menos en marzo, de la Anunciación del Señor, el primero de los misterios gozosos.
Durante la Semana Santa, celebraremos la Institución de la Eucaristía, un misterio luminoso.
Por fin no olvidemos que la Resurrección, misterio glorioso, ha sido anunciada por Cristo a sus discípulos. ¡Jesús va a dar su vida para vencer la muerte! Va a sufrir y morir, ¡El que es la Resurrección y la Vida!
¡Durante esta Cuaresma, con nuestro Rosario -todo el Rosario-, tomemos decididamente el camino de Jerusalén!
Fr. Louis-Marie ARIÑO-DURAND, o.p.
Promotor General del Rosario
Promotor General del Rosario
domingo, 26 de febrero de 2017
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